Una semifinal con aroma de final. Como ya sucedió en febrero en el último Europeo. Y a diferencia de lo que sucedía hace un lustro, cuando los lusos se habían convertido en la bestia negra de la bicampeona del mundo, la moneda ahora sale cara. En tres partidos con Jesús Velasco al frente de la Selección, España cuenta los tres por victorias (sobre el papel, este de hoy cuenta como empate). La primera fue en el primer partido de este nuevo ciclo, la segunda valió un título y la tercera, una final.
España y Portugal. Portugal y España. Un duelo ibérico que ya se ha convertido en el clásico europeo, pues se han cruzado en seis de las últimas siete grandes citas internacionales. Dos equipos, los últimos campeones de Europa, de sobra conocidos que comenzaron con su tanteo inicial. Con miedo a cometer un error tan pronto que les pudiera condicionar con tanto tiempo por jugar. Poco a poco se fueron quitando ese vértigo inicial, aunque costó encontrar una continuidad mínima en el juego.
Tuvieron que pasar más de cinco minutos para ver la primera ocasión clara del partido. Y qué ocasión. Pocas veces se genera una oportunidad con tanta claridad. Dídac salió hasta casi la esquina de su área para cerrarle el espacio a Pauleta, que vio una rendija por la que filtrarle el balón a Rubén Góis, que, con la mínima oposición de Adri Rivera, terminó chutando al palo y no llegando a su propio rechace. Quizás la claridad de la acción le hizo pensar antes de tiempo que tenía todo a su favor. Fuese lo que fuese lo que sucedió, España se había salvado.
Hasta el ecuador de la primera mitad no llegó la primera ocasión de peligro de España. Se buscaron David Novoa y Gon Castejón para que el zurdo, después de tirar la diagonal de banda a banda, sacase un disparo cruzado tras una pisada del diestro. Pero, una vez generada esa primera oportunidad, llegó hasta un carrusel de cuatro ocasiones consecutivas: Antonio Pérez, de disparo exterior; Adolfo, tras tirar la paralela; de nuevo, Adolfo, tras robo en campo contrario; y Sergio González, solo en el segundo palo. Ninguna de ellas entró en la portería.
Portugal también encontró sus buenos minutos en ataque en los que exigió a Dídac, aunque, a dos minutos y medio para llegar al descanso, Portugal se quedó con uno menos. Rubén Góis, protegiendo el espacio ante el intento de anticipación de David Novoa, terminó propinándole un codazo que dejó muy dolido al ala de O Parrulo Ferrol. Los colegiados revisaron la jugada en el monitor y cambiaron la tarjeta amarilla inicial por una tarjeta roja. Esos pequeños detalles que en partidos tan importantes pueden ser determinantes.
No fue el caso. España no pudo aprovechar esos dos minutos en superioridad. En parte, por el gran cerrojo con el que estaba defendiendo Portugal. La más clara en ese tramo fue un disparo de Rivillos que no pasó muy lejos de la escuadra. La última de la primera mitad, ya con la igualdad numérica sobre la pista, fue para España. Adolfo, ante la salida de André Correia, intentó picar el balón, pero el disparo salió fuera.
Los goles para la segunda mitad
El gol tardó en llegar solo 15 segundos después de finalizar el descanso. Raya recuperó, Raya salió a la aventura y Raya finalizó con acierto, aunque favorecido por un toque de Tomás Paçó que desvió la trayectoria del balón. El juego se aceleró y Portugal, tras unos minutos de incertidumbre, volvió a empatar el partido. De esas acciones que gustan a los entrenadores porque la pizarra funciona. Una volea maravillosa de Rúben Teixeira superaba a Dídac, que poco pudo hacer ante la potencia que llevaba.
El partido se rompía y España, como sucedió en la primera mitad, se salvaba. Era un milagro que la ocasión de Kutchy no acabase entre los palos. Se quedó solo al segundo palo, pero el pase le pilló lo suficientemente forzado como para solamente poder tocar el balón sin lograr dirigirlo. Lo mismo le pasó a España poco después. Antonio Pérez se quedaba mano a mano con André Correia, más la opción de pase a Cecilio, pero estaba muy centrado, no había una línea de pase tan abierta de segundo palo y, cuando cedió el balón, el repliegue de Tomás Paçó terminó dejando sin opciones al ‘2’.
La Roja pagó cara esa acción, porque Hugo Neves, con un control orientado y un disparo rápido, certificaba la remontada. Les tocaba remar a los de Jesús Velasco por primera vez, con unos siete minutos aún por jugarse. España se lo jugó todo al portero-jugador y en el último minuto encontró el premio. Al segundo palo apareció Sergio González para empujar el esférico y mandar la resolución de la primera semifinal a la tanda de penaltis, aunque aún quedó tiempo antes para algún susto de Portugal.
Todo a los penaltis
Antonio Pérez y André Coelho no fallaron, por lo que tanto España, que comenzó chutando, como Portugal comenzaban la tanda con acierto. Igual que Adolfo y Tomás Paçó en los segundos lanzamientos. Rivillos marcó el tercero, pero Pany Varela no pudo batir a Jesús Herrero. La bicampeona del mundo tomaba ventaja. Santa Cruz y Hugo Neves marcaron, por lo que todo se decidiría en el quinto turno. Rivera, que, si marcaba, clasificaba a España, falló y Diogo Santos empató, mandando todo a la muerte súbita.
Sergio González y Rubén Teixeira no fallaron los sextos lanzamientos. Tampoco Cecilio y Kutchy en la séptima oportunidad. Ni Dídac ni Afonso Jesús en el octavo turno. Pero la definitiva llegó a la novena. Ricardo Mayor marcaba para España y, de nuevo, Jesús Herrero detenía un penalti, esta vez a Lucio, para clasificar a la campeona de Europa a la final de la Finalissima, donde ya espera a Brasil, la vigente campeona del Mundo y anfitriona, que superó a Argentina en un tenso y duro clásico sudamericano que también se decidió desde el punto de los seis metros.