El fútbol sala sigue sin encontrar su sitio en el programa de los Juegos Olímpicos absolutos, pero este fin de semana volverá a disfrutar de una de las grandes citas deportivas internacionales. Dakar 2026 comienza este viernes, 30 de octubre, con las primeras competiciones, antes de la ceremonia inaugural del sábado. El domingo será el turno del 40x20, que regresará a una cita de los cinco aros por segunda vez en su historia, en una edición especialmente significativa al tratarse del primer acontecimiento olímpico organizado en África y que podría ser la última de los Juegos Olímpicos de la Juventud tal como los conocemos. De confirmarse este escenario, el fútbol sala perdería su única ventana olímpica.
La competición reunirá a 160 deportistas repartidos entre ocho selecciones masculinas y ocho femeninas, con convocatorias reducidas a diez jugadores y jugadoras de un máximo de 17 años. Cada torneo contará con dos grupos de cuatro participantes, de los que los dos primeros avanzarán a semifinales. Los 32 encuentros se disputarán entre el Complejo Iba Mar Diop y el Dakar Arena, escenario de las finales del 11 de noviembre en categoría femenina y del día 12 en la masculina.
Entre las principales candidatas del cuadro masculino aparece Portugal, único representante europeo, que compartirá grupo con Marruecos, Islas Salomón y Paraguay. En el otro estarán Senegal, Argentina, Panamá y Afganistán, con los anfitriones preparados para debutar frente a la Albiceleste. Una distribución que permitirá ver enfrentamientos poco habituales entre selecciones de diferentes continentes, precisamente uno de los grandes atractivos de una competición que busca dar visibilidad a las futuras generaciones del fútbol sala mundial.
Más allá de los resultados, la experiencia olímpica tendrá un significado especial para muchos de los participantes. "Es una experiencia única en la vida para Paraguay", aseguró el seleccionador Manuel Aquino en una entrevista concedida a la FIFA. Una oportunidad para futbolistas que todavía están dando sus primeros pasos y que representarán a sus países en un escenario internacional reservado a muy pocos deportistas. Las plantillas de diez integrantes también obligarán a los seleccionadores a gestionar una competición especialmente exigente con menos efectivos de los habituales.
En el torneo femenino, que inaugurará la competición de fútbol sala el 1 de noviembre, Italia y Ucrania serán las representantes europeas. Las italianas compartirán grupo con Camerún, Costa Rica e Irán, mientras que las ucranianas se enfrentarán a Senegal, Fiyi y Venezuela, que ocupa la plaza inicialmente asignada a Colombia. Las transalpinas debutarán frente a Camerún con la intención de convertir su primera participación olímpica en una experiencia histórica.
Sin embargo, dos de las grandes potencias mundiales no estarán presentes en Senegal. Ni España ni Brasil participarán en ninguno de los dos torneos, pese a su peso internacional. Como ya explicó FUTSALIA, el reparto de plazas no contempló eliminatorias específicas y priorizó la representación continental. Portugal obtuvo la única plaza masculina europea, mientras que Argentina y Paraguay ocuparán las dos sudamericanas, dejando fuera a la vigente campeona mundial y ganadora del anterior oro olímpico.
Ese precedente se remonta a Buenos Aires 2018, cuando la disciplina debutó en los Juegos Olímpicos de la Juventud. Brasil se proclamó campeón masculino tras derrotar a Rusia (4-1), con el jugador blaugrana João Victor como capitán de una generación que dejó futbolistas que posteriormente llegaron a la élite. El brasileño acabaría conquistando también el Mundial absoluto de 2024.
En categoría femenina, Portugal logró el oro frente a Japón, mientras que España, tras caer ante las niponas (2-3) en semifinales, se colgó el bronce goleando a Bolivia (11-0), con jugadoras como Antía Pérez (FSF Castro), Marta López-Pardo (Poio Pescamar) y Toñi Martínez (Futsal Alcantarilla). Panamá también participó en aquella primera edición y ahora regresa al escenario olímpico.
Ocho años después, el fútbol sala tiene una nueva oportunidad para mostrar el talento de sus futuras generaciones y, quién sabe, convencer al movimiento olímpico de que nuestro deporte merece un sitio en los Juegos Olímpicos absolutos.