“Es un rival extremadamente competente. Me parece que está muy motivado”, afirmó sobre el conjunto de Jesús Velasco, al que Brasil se enfrentará el domingo a las 21:30, hora peninsular española, en el Niterói Arena.
“Viene de una conquista importante. España consiguió nuevamente una Eurocopa. Esto trae un sentimiento para todo el grupo de que este es el camino y por este camino llega nuevamente a una final”, explicó el técnico de la Canarinha.
Brasil, vigente campeón del mundo y anfitrión, superó a Argentina tras empatar a uno en el tiempo reglamentario. Pito adelantó a la selección brasileña y Tripodi igualó antes de fallar el quinto lanzamiento argentino ante Willian. João Victor, Rocha, Marcel, Dyego y Fabinho completaron el pleno brasileño.
El desenlace reprodujo el de la primera semifinal, en la que España eliminó a Portugal por 8-7 en los penaltis después del 2-2. Las dos tandas reflejaron la igualdad de un torneo que reúne por primera vez a cuatro selecciones campeonas del mundo.
“Hoy conseguimos pasar por detalles”, reconoció Xavier, que también recordó que España había avanzado desde el punto de los seis metros. “Cuatro campeones del mundo no tienen favoritismo para nadie”, sostuvo.
El seleccionador rechazó que el resultado de la final deba convertirse en una evaluación definitiva de la jerarquía de los participantes. “No estamos definiendo quién es el mejor. Estar en casa puede ser un mínimo detalle, una mínima ventaja que tenemos para poder ganar”, señaló.
Xavier valoró la posibilidad de medirse de nuevo a España, aunque habría deseado enfrentarse a todos los participantes. “Es valioso poder enfrentar a España de nuevo. Tengo certeza de que sería bonito enfrentar a Portugal. Me gustaría jugar con todos los tres, porque estamos aquí realmente para medir eso, pero el reglamento no nos permite”.
También anticipó la atención internacional que despertará la final. “Enfrentarnos a España será una partida que traerá un ojo muy profundo del mundo entero”, afirmó.
El técnico defendió que su trabajo debe evaluarse con una perspectiva más amplia que la conquista de la Finalissima, con el Mundial de 2028 como horizonte. “La victoria no nos hace eufóricos y la derrota no nos hace frustrados porque es un proceso. No puedo estar dependiente de ganar títulos con Brasil para creer en el ciclo del 28”.
“Tengo que creer en el proceso. Aunque en algunos momentos sea doloroso perder, no va a matar. Puede doler, pero no mata”, añadió.
En ese sentido, insistió en preparar a sus internacionales para gestionar tanto las victorias como las derrotas. “Es muy complicado retirar ese componente de tener que vencer para decir que es lo mejor, es difícil, porque el deporte te presiona a ganar”, explicó. Para Xavier, el objetivo es mantener “los pies en el suelo” durante el ciclo y llegar en condiciones de conquistar el Mundial.
La semifinal frente a Argentina también puso a prueba la respuesta emocional de Brasil. El seleccionador reconoció que su equipo ha tenido dificultades para afrontar las tandas cuando no consigue resolver los encuentros en los cuarenta minutos.
“Históricamente, y eso ya pasó con la Argentina, siempre bajamos mucho el nivel emocional en los penaltis”, admitió. “Cuando vamos a los penaltis, me parece que con algunos adversarios, ellos llegan mejor emocionalmente que nosotros”.
Marquinhos Xavier explicó que fue necesario recomponer al grupo antes de los lanzamientos. “Entonces, tuvimos que reconstruirnos allí”, señaló. La respuesta fue una tanda sin errores. “Y hoy tenemos mucha competencia, cinco penaltis muy bien batidos y conseguimos este éxito que es importante para el futsal brasileño”.
El clásico sudamericano se desarrolló con tensión, numerosas interrupciones y una dureza que la pareja arbitral paraguaya formada por Rafael Villalba y José Ocampo permitió en distintos tramos. Preguntado por ese componente físico, Xavier defendió la identidad técnica de Brasil.
“Siempre buscamos jugar un juego más limpio en el sentido de técnica, belleza”, manifestó. “Hicimos pocas faltas en el juego, ninguna falta fue agresiva, porque tenemos esa cultura de jugar”, añadió.
El seleccionador vinculó esa intensidad a la rivalidad continental y expresó su deseo de que la final tenga otro desarrollo. “Espero que ahora nos volvamos y podamos enfrentar un desafío en el domingo con un oponente que se comporta muy parecido con nosotros. Y nuestros atletas están muy acostumbrados también a enfrentarse porque juegan en grandes clubes de España”.
Su reflexión sobre el arbitraje se extendió al conjunto del fútbol sala. “Creo que la arbitraje sudamericana, europea, asiática, en cualquier lugar del mundo, necesita entender que necesita privilegiar el juego bonito. Necesita privilegiar y proteger el talento”, reclamó.
“No me gusta el juego excesivo en el suelo, de entradas que, claro, recuperan la bola, pero impiden que sigas en pie”, continuó. El técnico señaló que esas acciones generan una desventaja para quien recibe el contacto, aunque asumió su responsabilidad de preparar a sus jugadores para afrontarlas. “Necesito prepararlos para lo peor”.
Xavier mencionó a Pito entre los talentos que deberían recibir mayor protección para favorecer un espectáculo con más continuidad y acciones técnicas. “La regla debería protegerlos para que tuviéramos un juego más limpio”, afirmó.
Por último, reconoció que el impulso del público brasileño en el Niterói Arena es un factor favorable para la final. “Sí, es una ventaja, es una pequeña ventaja”, respondió. El apoyo de la grada, explicó, fue “uno de los combustibles que nos empujó para esta final”.
“Tenemos que valorarlo, porque el torcedor brasileño es crítico, cobra en los momentos de dificultad, pero nos apoya mucho y nuestro torcedor está muy feliz con la selección brasileña de futsal”, concluyó.