Aquellos partidos fueron una semilla regada después por la emoción del Europeo de 1996. Justo enfrente de aquella cancha, en el salón de Javi, vibramos con los golazos de Vicentín a Rusia y el primer triunfo continental de España. Tanto que allí mismo el anfitrión, Isaac, su hermano Luis y un servidor decidimos que había que montar un equipo de fútbol sala para la liga municipal. Fue el paso definitivo, pues, además de engancharnos del todo a la selección y a la Liga Nacional de Fútbol Sala, nos metimos de lleno en el ‘deporte de moda’ jugándolo. Cada mañana de sábado tocaba partido en La Chopera y después partido de fútbol sala de verdad en ‘La 2’. Un plan que, al menos en su primera parte, se mantiene más de tres décadas después pese a un inevitable declive físico de los protagonistas.
Más tarde, una vez elegido el periodismo como destino profesional, la siguiente etapa fue la de unir ambas vocaciones y tratar de estar cerca del parqué. Llegaron así las primeras coberturas de partidos y torneos y, con ellas, los primeros contactos con la familia del futsal, que me acogió con los brazos abiertos. María, José Carlos, Óscar y Esther, Carmen, Gustavo… me abrieron las puertas de una casa que era suya, y no solo eso, sino que me ayudaron a instalarme en ella. Porque su apoyo resultó vital para que mis esfuerzos por hablar de fútbol sala en un diario generalista con más de cien años de historia como ABC acabasen dando frutos. Y de verdad que no fue nada sencillo pelear y vencer las reticencias de los jefes, entre los que hubo incluso alguno que lo veía como «un deporte de poligoneros y macarras».
Ahí, muchos años después, sigue estando el reto principal del fútbol sala, que actualmente afronta una profunda renovación bautizada como ‘Liga Prime Futsal’: en cómo lograr que el interés de muchos practicantes y aficionados tenga el merecido eco a nivel mediático y el consiguiente retorno económico. La base de aficionados fieles existe, sobreviviendo incluso al maltrato al que ha sido sometido este deporte en los últimos años por el egoísmo, la avaricia y la falta de visión de conjunto de muchos. Pero para que no se estanque y acabe muriendo por irrelevante toca llegar más allá: hasta esos aficionados que aman el fútbol sala aunque aún no lo sepan.
Por eso son de aplaudir iniciativas como la de Gustavo Muñana y Futsalia. Una apuesta valiente en un momento en que el hastío ha arrojado a muchos a la cuneta y que pretende hacerse notar con la combinación del viejo periodismo de siempre y nuevos formatos narrativos que atraigan a esos nuevos aficionados. El reto es mayúsculo, pero si alguien puede llegar a esos chavales que juegan al futsal —incluso sin ser conscientes de ello— en las innumerables pistas salpicadas por todo el país, ese es Gus. Una enciclopedia andante en lo que al 40x20 se refiere y que derrocha pasión a la hora de contarlo.
Hace unos días su nombre apareció en la pantalla de mi móvil. Me habló emocionado de Futsalia y me invitó a escribir algo, lo que yo quisiera. Pensé en Xota y su resistencia para desmentir a quienes lo ven en Segunda a final de temporada. También en Inter y en cómo ha pasado de tener a los mejores brasileños a reinventarse con jugadores de nacionalidades nunca antes vistas en la liga española. O en ElPozo y las ganas que tenemos muchos ‘futsaleros’ de volver a ver al equipo murciano ganando un título de los grandes. Pero por encima de todo me salieron las ganas de compartir la alegría por el nacimiento de un nuevo medio especializado en el 40x20. La familia del futsal crece y está de enhorabuena.