Me contaba Ángel María Villar en 2021 que la guerra que vivía el fútbol sala en aquellos años post pandemia, con la guerra entre la LNFS y la RFEF de Rubiales, era una anécdota comparada con la que sufrieron ellos a finales de los años 80 para intentar pacificar un deporte enfrentado. Tiempos donde José María García gobernaba delante y detrás del micrófono. Donde la dictadura deportiva de Interviú era total hasta tal punto que no soportó la llegada de Gozalo ni que Unión Sport pudiera hacer sombra a su máquina verde.
Villar delegó aquella escaramuza en “gente de fútbol sala”. Se apartó para que los que sabían llegasen a un acuerdo y así surgió la Liga Nacional de Fútbol Sala en 1989 con Aurelio Gómez Araújo, “Yeyo” como primer presidente. Esa paz duró toda una vida. Porque hasta que el futsal patrio volvió a saltar por aires en 2019, había arrasado: dos mundiales y siete eurocopas (la octava llegó en 2026) con la selección española y 11 títulos europeos de clubes repartidos entre Inter, con cinco; Barça, con cuatro y Playas de Castellón, con dos. En 2023, 2024 y 2025 llegaron las Champions de Palma, pero ya en otro contexto deportivo.
Aquella gestora que pusieron en marcha como intermediara entre dos trincheras, derivó en el mejor organismo que ha gestionado un deporte no profesional en la historia de España. Y, quizá, ese fue su pecado. No conseguir elevar al fútbol sala a la categoría de profesional en 30 años. El último intento llegó cuando este deporte estaba en proceso de derribo, con Rubiales obsesionado con deshonrar a Javier Lozano, García desesperado por financiar a toda costa a su equipo y con el resto de los clubes enfrentados por un modelo de negocio ya insostenible.
Hoy ya no queda nada de aquel laureado fútbol sala. Quizá la inercia de un deporte en el que creen los aficionados y algunos patrocinadores, pero no la RFEF. Tampoco los medios de comunicación nacionales han sabido vender el producto pese al esfuerzo de la LNFS en acercárselo durante tantos años. Hoy, por fin, nace una web dedicada al futsal. Libre, sin cargas ni servidumbres, dispuesta a no tratar a este deporte como lo que es, sino como lo que puede llegar a ser.
El espectáculo debe continuar... casi a cualquier precio. La RFEF ha puesto en marcha un torneo extraño y poco atractivo, aunque ha tenido el acierto de darle un impacto televisivo interesante después de las últimas chapuzas tecnológicas. Que nadie olvide que el futsal llegó a valer casi 5 millones de euros en su mejor momento. La imagen de los partidos, la pista azul, la puesta en escena, la Copa de España... interesaban y los clubes pudieron ingresar dinero por esa vía por primera vez en la historia. La ambición de García lo destrozó todo otra vez. Ahora su equipo muerde el polvo deportivo sin grandes títulos, sin subvenciones y sin su histórico patrocinador, mientras el resto de los equipos se reinventan con esfuerzos agotadores para seguir pagando nóminas y llenando pabellones. Con el Barça siempre al margen. Su forma de entender el deporte le convierte en una locomotora para el fútbol sala. Aunque todo tiene un límite cuando los compañeros de viaje no crecen.
En 2026 la élite del fútbol sala vuelve a la carga con la Liga Prime Futsal. Por debajo hay casi 150.000 fichas profesionales para un deporte que vive en barrios, colegios y polideportivos. España no necesita inventarse una tradición en fútbol sala, ya la tiene. Lo que todavía no ha conseguido es convertir esa tradición en el prestigio que le haga salir de la sombra.